Los perros más antiguos de China: 9.000 años enterrados junto a los humanos

Los perros más antiguos de China: 9.000 años enterrados junto a los humanos

En 1972, los arqueólogos que excavaban el yacimiento de Jiahu, en la provincia de Henan, encontraron algo que no esperaban: once perros enterrados junto a los primeros pobladores del lugar. Los restos tenían nueve mil años.

No estaban tirados en un rincón como desechos. Estaban enterrados con cuidado, en las mismas zonas donde se enterraba a las personas. El análisis de sus huesos mostró algo más sorprendente: la alimentación del perro y la del hombre eran prácticamente idénticas. Estos perros no comían los restos: comían lo mismo que sus dueños.

Y nueve mil años es mucho tiempo, pero no es el principio.

Desde China hasta Alemania: el mismo gesto, el mismo significado

El perro más antiguo del que tenemos noticia fue descubierto en Bonn-Oberkassel, Alemania. Tiene 14.000 años. Estaba enterrado en una doble tumba humana, junto a un hombre y una mujer. No era un lobo, no era un animal salvaje: era ya un perro doméstico. En Ein Mallaha, en Palestian de hace 11.000 años, una anciana fue enterrada con la mano sobre un cachorro. En China, en Anatolia, en América del Norte: el mismo patrón se repite a miles de kilómetros de distancia, entre culturas que no podían conocerse.

¿Qué significa que el mismo gesto —enterrar un perro junto a un humano— aparezca simultáneamente en los dos extremos de Eurasia, entre personas que compartían la misma palabra para designar a su animal? Porque hay otro dato fascinante: la palabra para «perro» es semejante en muchas lenguas de Europa y Asia, incluyendo el chino antiguo. Una palabra común que sugiere una tradición común, anterior a la separación de esas culturas.

El guardián del umbral entre los mundos

¿Por qué enterrar al perro con el muerto? La respuesta más probable la dan los propios mitos y creencias de esas culturas: el perro era el guía que acompañaría al alma en el viaje al otro mundo.

Las culturas más antiguas concebían la existencia como un ciclo, no como una línea. La muerte no era el fin sino un viaje a otro mundo semejante a este, lleno de peligros y difícil de recorrer sin un guía. Y el perro —capaz de detectar presencias invisibles, de ver en la oscuridad, de olfatear lo que el hombre no puede percibir— era el guía natural.

Los chinos de la dinastía Shang, hace tres mil quinientos años, seguían enterrando perros junto a sus muertos. Pero ya no era el perro de compañía: era un animal sacrificado especialmente para ese viaje. En el yacimiento de Anyang, capital de los Shang, se han encontrado centenares de perros en los pozos rituales de las grandes tumbas. El papel del perro como acompañante del alma había pasado de ser una costumbre espontánea a ser un ritual de estado.

En el año 168 antes de nuestra era, una dama llamada Dai fue enterrada en la tumba que hoy conocemos como Mawangdui, en Hunan. A su lado fueron depositadas pinturas que describían el viaje de su alma al paraíso. En esa pintura, custodiando la puerta del cielo, hay un perro.

La misma creencia, a lo largo de siete mil años de historia china.

Este post está basado en el libro «La magia del Perro en China y el mundo« de Pedro Ceinos Arcones

Sobre mí: Hace ya muchos años que llegué a China y desde entonces he compaginado mi tiempo entre los viajes y el estudio de la cultura de este país. Mis investigaciones más populares son las relativas a los caracteres chinos (Caracteres chinos: un aprendizaje fácil basado en su etimología y evolución), el Matriarcado en China (hay un libro con ese título), y las culturas de las minorías (Shangrilá). Puedes ver mis videos en Youtube, o mis fotos en Instagram (pedroyunnan).

En los viajes me he especializado en Yunnan, Tíbet, la Ruta de la Seda y otros lugares poco conocidos. Escríbeme si tienes pensado venir a China. La agencia con la que colaboro proporciona un servicio excelente y un precio imbatible. Tienes mi correo abajo.

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