La posesión por los espíritus en la antigua China

VIAJAR YUNNAN

La posesión por los espíritus en la antigua China

Acabo de terminar de leer Los antepasados están borrachos, un libro  de Jordan Paper . Tal vez uno de los mejores libros sobre la religión en China que se pueden encontrar, pues con cada uno de sus capítulos, casi con cada página, va abriendo nuevas ventanas, proporcionando nuevas perspectivas a este tema tan interesante.

En China, la alimentación de los muertos no sólo servía como el principal ritual del ciclo vital, sino que también era un importante ritual del ciclo anual. Durante el mismo una persona elegida para representar al antepasado bebía y comía de los platos ofrecidos en sacrificio. Cuando estaba saciado anunciaba la satisfacción de los espíritus, que posteriormente partían. A continuación, los miembros del clan comían el resto de la comida del sacrificio, en un ambiente de júbilo.

Todos los estudiosos de la cultura china saben que el carácter shi尸, ahora utilizado para cadáver era originalmente un pictograma que representaba el impersonador del muerto, es decir, a la persona que representaba al antepasado, al que se ofrecían las ofrendas de carne y vino, pero en el libro de Jordan Paper este proceso está descrito con gran claridad.

La posesión por los espíritus formaba parte de los rituales de sacrificio de la élite. Los textos proporcionan suficiente información de que el Impersonador del muertos era poseído por el espíritu ancestral al que se ofrecía el sacrificio. La secuencia de pasos preparatorios llevados a cabo antes del ritual, así como los propios ritos, aseguraban que el impersonador alcanzaba un estado extático,  una posesión como la que experimentan los médium, como queda definitivamente indicado por el contexto.

Después de seleccionar mediante la adivinación un día apropiado para ofrecer el sacrificio, el sacrificador principal, el Descendiente (generalmente el hijo o la nuera del difunto, según el género apropiado), y los demás participantes ayunaban durante siete días para llevar la mente a un estado de concentración fija en la ceremonia. En el cuarto día de ayuno, se elegía mediante adivinación al que haría de impersonador entre los participantes, que solía ser un nieto o nieta política del fallecido, «invitando al espíritu a que entrara en su persona a tomar algún refrigerio».

El impersonador, una vez seleccionado, experimentaba un aumento inmediato de estatus y era tratado ya como si fuera el espíritu del antepasado, y las demás personas, al pasar ante él, debían adoptar un paso apresurado. Según sus normas, cuando un oficial se encontraba con una persona que ibaa a personificar al muerto debía desmontar de su carruaje, e incluso el propio gobernante debía hacer lo mismo.

A partir de ese momento el impersonador dedicaba su tiempo a intensas sesiones de meditación, durante las que se le ordenaba recordar y visualizar los aspectos más característicos del difunto: «Cómo y dónde se sentaba, cómo sonreía y hablaba, cuáles eran sus objetivos y puntos de vista, en qué se deleitaba y qué cosas deseaba y disfrutaba».

Dado que el impersonador ya estaba en el cuarto día de ayuno, aunque probablemente sólo parcial, los estímulos mentales se intensificaban mediante procedimientos rituales para inducir en él estados alterados de conciencia similares a los producidos por las sustancias alucinógenas.

El día del sacrificio, el impersonador era conducido al templo ancestral en una carroza y se le hacía reverencia como si fuera el difunto. Durante el sacrificio, ofrecía ceremonialmente varias veces comida y vino al difunto, que luego comía y bebía él mismo. Después de beber nueve copas de bebida alcohólica, comunicaba las bendiciones de los antepasados al maestro de ceremonias, que a su vez las anunciaba a los demás participantes.

La embriaguez del impersonador es lo que provoca el descenso de los espíritus a su cuerpo. Pues la  bebida alcohólica fermentada se elaboraba en aquella época con mijo, y se alcanzaba  un rango estimado de entre el 5 y el 8 por ciento de contenido alcohólico. Dado que las copas de bronce usadas en los sacrificios en los primeros tiempos de la dinastía Zhou contienen entre 160 y170 mililitros, una estimación realista lleva a pensar que el impersonador consumía entre 1 y 2 litros de licor (el equivalente a entre 5 y 8 tragos de licor de ochenta grados).

Cuando se consumen durante un período de noventa minutos seis bebidas estándar o 75 gramos de etanol suelen provocar una visión ligeramente borrosa y otros signos de intoxicación. Dado que el consumo de alcohol, aunque ingerido con alimentos, tenía lugar tras un ayuno de siete días, la embriaguez del impersonador estaba asegurada.

El alcohol, junto con otras drogas, es un inductor común del trance en un contexto religioso. William James señaló: «La influencia del alcohol sobre la humanidad se debe sin duda a su poder de estimular las facultades místicas de la naturaleza humana».

El alcohol, el ayuno de siete días, la meditación continua, los tres días de visualizaciones centradas en el difunto, el tratamiento del impersonador por parte de los otros como si ya albergara al espíritu del difunto, el propio ritual del sacrificio, normalmente acompañado por el sonido de tambores y campanas, y las expectativas culturales de la ceremonia, se juntaban para provocar la posesión del impersonador por parte del espíritu al que se hacía el sacrificio.

De esta forma, el nieto o la nieta política del difunto se convertía en el medio por el que su espíritu descendía al sacrificio, comía y bebía las ofrendas, embriagándose y extendiendo así sus bendiciones al clan.  Dado que estos sacrificios eran el ritual religioso más común de la élite, y se celebraban con cierta frecuencia, se puede suponer razonablemente que la mayoría de los miembros de las familias nobles tuvieron en algún momento de sus vidas una experiencia de este tipo, que habría servido para fortalecer sus vínculos con el clan, al recibir en sí mismos, como médium, los espíritus de los miembros fallecidos del mismo.

Por lo tanto, la experiencia del trance fue para los miembros de las familias más poderosas, al menos tan importante como la conciencia normal para moldear su visión del mundo. Es por esa razón que en la religión popular china la fe es innecesaria, ya que las personas experimentaban la presencia inmediata de las deidades descendiendo sobre los médiums cuando eran poseídos.

Basado en Jordan Paper, The Ancestors are drunk. Comparative approaches to Chinese religion. SUNY Press. 1995

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