El suicidio a causa de la venta de esposas en la antigua China
Durante la dinastía Qing las relaciones familiares fueron una continua causa de suicidios, especialmente para las mujeres. Muchas de las características singulares de los matrimonios chinos llevaron a las mujeres al suicidio, siendo uno de los más letales la capacidad que tenían los maridos de vender a sus esposas. En la dinastía Qing, la venta de mujeres y niños era ilegal, aunque se permitía bajo determinadas circunstancias.
Circunstancias en las que se podía vender una esposa
El marido podía vender a su esposa si ésta había cometido adulterio, intentaba huir, estaba dispuesta a ser vendida como criada a otra familia, o si él mismo se encontraba enfermo, discapacitado o en una situación de indigencia. No olvidemos que habiendo llegado a su matrimonio sin que nadie tuviera en cuenta sus sentimientos, en algunos casos la venta ofrecía a las mujeres una oportunidad para mejorar su situación, permitiéndoles incluso escapar a una vida con una pareja de su elección. En otros, el temor a ser vendida las mantenía en un continuo nerviosismo, en una posición muy insegura, y entre los pobres no existía una distinción clara entre el matrimonio y el tráfico de mujeres (Sommer 2015: 2).
Un último recurso ante la ruina de la familia
A veces la indigencia y la pobreza extrema eran tan comunes que las esposas se convirtieron en el último recurso económico para las familias. Una sequía, una guerra, una subida de impuestos o una plaga sumían a miles de familias en una miseria absoluta, forzando a los maridos a vender a sus esposas o hijas para poder sobrevivir.
La tragedia de Nie Yide
Como sólo podían ser vendidas en ciertas circunstancias, surgieron numerosos conflictos. Tragedias que han llegado a nuestros días en las compilaciones de casos judiciales. En 1774, en el condado de Hengyang, en Hunan, los hermanos del campesino Nie Yide le obligaron a vender a su esposa, Chang Shi, para compensarles por el incendio accidental que ella había provocado. Nie no quería hacerlo, pero no tuvo más remedio. Chang Shi tampoco quería ser vendida, por lo que huyó a casa de su padre. Su marido fue a buscarla y explicó la situación a su suegro. Éste, pensando que su hija sufría una vida miserable y podría estar mejor con un nuevo marido, no se opuso. Cuando convencieron a Chang Shi de que su marido no la vendería, volvió a su casa. Pero en el camino descubrió la verdad y se tiró a un lago para suicidarse. Rescatada por sus acompañantes insistió en que prefería morir antes que volver a casarse. Al llegar a casa, su marido y sus hermanos la vigilaron toda la noche para evitar que huyera o se suicidara. Al día siguiente, Chang Shi se negó a comer e intentó huir. Su marido, angustiado, rogó a sus hermanos que anularan el trato, pero ellos insistieron en que era demasiado tarde, porque ya se había recibido el dinero. Entonces ataron a Chang Shi a la cama y la amordazaron para que les dejara dormir. A la mañana siguiente estaba muerta, ahogada con la mordaza (Bodde y Morris 1967: 231).
En un caso de Hunan de 1830, Huang Dexiu vendió en matrimonio a su esposa, Chen Shi, provocando que ésta se ahorcara. En otro de 1831 de Anhui, Cao Yushu vendió su esposa a Wang Chaofu, quien «utilizó la fuerza para llevarla a casa y consumar el matrimonio», tras lo cual ella se suicidó «por vergüenza e indignación». Ambos maridos fueron sentenciados a cien golpes de bambú pesado y tres años de servidumbre penal (Bodde y Morris 1967: 315).
Amenaza de suicidio para ser vendida
Las amenazas de suicidio también podían servir a las mujeres para provocar su venta. En un caso de 1810 del condado de Linyu, el campesino Ma Siliang vendió a su esposa después de que ésta saltara a un pozo y tuviera que ser sacada por los vecinos. Ella no resultó herida (y se aseguró de hacer su salto ante testigos que la rescatarían), pero su dramático gesto convenció a su marido. Estaba resentida por su pobreza, constantemente causaba problemas diciendo que quería casarse con otro hombre para no sufrir más (Bodde y Morris 1967: 217).
Esposas vendidas para la prostitución
Mucho peor era cuando eran vendidas para la prostitución (no siempre declarada abiertamente) a grupos mafiosos que conseguían burlar las leyes para mantener sus negocios. A pesar de estar penado por la ley, se convirtió en un hecho muy común durante los siglos XVIII y XIX. Eso podía convertirse en un castigo para las mujeres que no satisficieran las expectativas del marido o su familia.
Del capítulo 9 del libro La cultura del suicidio en China y la caída del régimen imperial
Sobre mí: Hace ya muchos años que llegué a China y desde entonces he compaginado mi tiempo entre los viajes y el estudio de la cultura de este país. Mis investigaciones más populares son las relativas a los caracteres chinos (Caracteres chinos: un aprendizaje fácil basado en su etimología y evolución), el Matriarcado en China (hay un libro con ese título), y las culturas de las minorías (Shangrilá). Puedes ver mis videos en Youtube, o mis fotos en Instagram (pedroyunnan).
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