El Jardín Yu es el principal monumento de Shanghai y el que mejor resume la historia de la ciudad durante los últimos siglos. Un jardín privado típico del sur de China, en sólo dos hectáreas concentra los elementos fundamentales de la jardinería vernácula, creando un recinto que abre al visitante cien paisajes y mil escenas. Caminos zigzagueantes, pequeños muros que separan distintos ambientes, estanques que se extienden más allá de donde llega la vista, pabellones que se yerguen sobre las rocas y las aguas, puertas con formas caprichosas, etc., hacen que a cada paso el visitante descubra un mundo diferente. El jardín es un paisaje delicado cuidadosamente construido que representa con su elevado valor estético el universo artístico y cultural de la China del pasado.
El Jardín Yu es uno de los jardines privados más singulares de China y es a la vez un remanso de paz y tranquilidad entre el ajetreo del moderno Shanghai. Algunos estudiosos le consideran “el jardín más bello del sur de China” y ciertamente, además de ser bien conocido por la sutil planificación y la armoniosa combinación de montañas y estanques, en su escasa superficie refleja las características de los jardines del Sur, con algunas singularidades que le relacionan con los jardines imperiales en el norte, pues el señor Pan, su creador, tenía en mente recrear para sus padres el ambiente de los jardines imperiales de la capital, Beijing. Esto le convierte en un jardín único en China.
El Jardín Yu fue en su origen un jardín privado, con un conjunto único de pabellones, montañas de roca y estanques. Desde el momento de su creación el jardín ha sido el centro de la vida cultural y social de Shanghai. Sus pabellones, salones, torres, puentes, estanques y montañas artificiales presentan más de 40 vistas famosas o paisajes únicos. Hay un dicho local que asegura: “el que viene a Shanghai y no visita el Jardín Yu es como si no hubiera venido” (China 1989).

El Jardín Yu de Shanghai se ha convertido, por las vicisitudes de la historia en el jardín universal, en el arquetipo del jardín chino, y con él, de la vida elegante y refinada ligada a las familias aristocráticas del sur de China, y de la cultura china en general.
La utilización popular en distintos ambientes culturales de los principales elementos del jardín para caracterizar imágenes idealizadas de la vida en China y de una sublimada tradición imperial, responden a las propias características de este jardín: el esplendor de su construcción y la desolación de su decadencia, su utilización como parte del Templo de los Dioses de la Ciudad y su transformación en el corazón comercial, cultural y social de Shanghai. Como Shanghai se convirtió en la puerta de China para mundo. De esta forma el jardín pasó a representar la orientalidad de Shanghai, que a su vez era la única abierta a los occidentales en China.
Esa es la razón de que nativos y extranjeros aún se sientan atraídos por un jardín que consideran una representación viva de las virtudes y refinamiento de una China idealizada en un pasado, y de que el Jardín Yu sea un elemento imprescindible del Patrimonio Cultural Chino.
El Jardín Yu es el corazón de Shanghai, su monumento más conocido y el único que la identifica, en medio de su vanguardia y modernidad, con su carácter netamente chino. Es el corazón de la ciudad, y el cordón umbilical que la mantiene unida con la tradición. Situado en el centro, si no geográfico al menos cultural y social, de la ciudad antigua, de la “ciudad china”, es el icono más importante con el que los visitantes y los propios residentes identifican a Shanghai. El Jardín Yu y sus monumentos aledaños, son el sueño del pasado, de una grandeza poco definida que se materializa no obstante con una cuidada armonía y una belleza estremecedora. Son la encarnación del glorioso pasado de la ciudad.
Según la tradición china, la visita a un jardín no es una actividad pasiva. Como en toda apreciación a una obra de arte “se espera que el visitante entre en el jardín no sólo físicamente, sino también intelectual y emocionalmente” (Bryant 2016). Es evidente que para poder convertir la visita al jardín en una experiencia emocional el visitante deberá conocer al menos en parte, el ambiente cultural en el que éste se construyó y la forma en que sus elementos se fueron organizando, aprender en definitiva los rudimentos del lenguaje que habla el jardín. Un lenguaje cuyos signos básicos presentaremos a lo largo de esta obra.

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