Emperatrices y regentes: las mujeres que gobernaron China
La historia oficial de China presenta dos mil años de gobierno masculino ininterrumpido. Emperadores, generales, primeros ministros. Una cadena inquebrantable de autoridad masculina desde la unificación del año 221 antes de nuestra era hasta la caída del último emperador en 1912.
Es una historia verdadera. Y es también una historia incompleta.
Porque en esa misma cadena, si se mira con más atención, aparecen una y otra vez mujeres que gobernaron de hecho el país. Algunas durante años. Algunas durante décadas. Y una, durante casi medio siglo.
La reina Fu Hao: antes de que todo cambiara
Durante la dinastía Shang, en el segundo milenio antes de nuestra era, la posición de la mujer era radicalmente distinta a la que vendría después. Las inscripciones en huesos oraculares —los documentos más antiguos de la historia china— mencionan a más de cien mujeres tomando parte activa en actividades religiosas, políticas y militares. La más conocida es Fu Hao.
Fu Hao dirigió campañas militares al frente de miles de soldados. Poseía grandes extensiones de tierra fuera de la capital. Presidía los rituales más importantes de la corte. Era, en todos los sentidos del término, una líder política y religiosa de primer orden. Y su tumba, descubierta intacta en 1976, fue la única de toda la dinastía Shang que no fue saqueada por las generaciones posteriores. ¿Casualidad? ¿O el respeto de quienes todavía la consideraban sagrada, incluso cuando ya no gobernaban mujeres?
La emperatriz Lu y las regentes Han
Con la dinastía Han llegó la ideología confuciana y el sometimiento legal de la mujer. Pero al mismo tiempo —y la paradoja es reveladora— el sistema político creó una figura que resultó ser un instrumento de poder femenino inesperadamente eficaz: la emperatriz viuda.
Cuando el emperador moría sin hijos adultos, la emperatriz viuda tenía derecho a elegir al sucesor. Elegían, invariablemente, al más joven disponible. Luego gobernaban en su nombre.
La emperatriz Lu, viuda del fundador de la dinastía Han, tomó el poder en el año 195 antes de nuestra era y gobernó el país durante quince años. Los historiadores la consideran uno de los períodos más prósperos de la dinastía. Los ocho emperadores que siguieron al fundador subieron al trono entre los diez y los quince años de edad. Sus madres controlaban el poder. Eso no era un accidente del sistema. Era el sistema.
Wu Zetian: la única
En el año 690 de nuestra era ocurrió algo que no había ocurrido nunca antes en la historia de China y no volvería a ocurrir después: una mujer se proclamó emperatriz por derecho propio. No regente. No viuda. Emperatriz.
Wu Zetian gobernó China durante cincuenta años, primero en la sombra y luego de forma directa. Reformó el sistema de exámenes para permitir el acceso a candidatos de origen humilde. Expandió el territorio del imperio. Protegió el budismo. Sus detractores —todos hombres, todos escribiendo después de su muerte— la describieron como una tirana sanguinaria. Sus logros, visibles en los registros históricos, cuentan una historia diferente.
Lo que ningún historiador puede negar es que gobernó. Y que el estado chino no se derrumbó. Y que durante medio siglo, el país más poblado del mundo fue dirigido por una mujer.
Las emperatrices Kitán y los Jurchen del norte
Cuando los pueblos nómadas del norte tomaron el control de China —los Kitán con la dinastía Liao, los Jurchen con la Jin— la posición de las mujeres en la corte mejoró notablemente. Entre los Kitán era costumbre que el emperador y la emperatriz atendieran la corte juntos. Cuando el emperador era demasiado joven o estaba demasiado enfermo, se daba por hecho que la emperatriz asumiría los asuntos de estado. «El clan del emperador y el de la emperatriz compartían el poder,» dice la historia oficial Kitán, «y siendo de influencia comparable, dependían el uno del otro para hacer al estado fuerte.»
Entre los Jurchen, la emperatriz Zhaosu acompañaba a su marido en todas sus expediciones. Tras la muerte del emperador, siguió dirigiendo el país: los generales siempre la informaban antes de salir a una batalla, y ella los castigaba por cada fracaso y los recompensaba por cada victoria.
Ambos pueblos compartían una característica: venían de sociedades donde la mujer tenía un papel económico central —montaban las yurtas, criaban el ganado, tomaban decisiones— y ese hábito cultural no desapareció cuando se convirtieron en emperadores de China.
La dueña de la casa
Más allá de las cortes y los palacios, el poder femenino más extendido en China fue siempre el doméstico. La novelista Pearl Buck, que conoció de primera mano la realidad de las familias chinas, lo escribió con precisión: «La vida real de la nación se desarrollaba en el hogar. Hasta los hombres se convirtieron en una parte integral de ese hogar gobernado por las mujeres.»
Las leyes confucianas imponían la sumisión femenina. Pero los campesinos, que eran la inmensa mayoría de la población, no podían permitirse el lujo de tener a la mujer recluida en las habitaciones interiores. Marido y mujer trabajaban juntos. Y la madre era, en todos los hogares, la autoridad incuestionable sobre los hijos. Según los estatutos legales, si a la muerte del padre la familia quería dividirse, necesitaba el permiso de la madre.
«Las limitaciones que los textos confucianos colocaban sobre las mujeres nunca se aplicaron realmente entre los campesinos,» concluye la historiadora Bettine Birge. «Eran más normas idealizadas que una descripción de la realidad.»
Las normas dijeron una cosa. La vida dijo otra. Y las mujeres, en las montañas sagradas, en las casas de los aldeanos y en los palacios imperiales, siguieron ejerciendo el poder que los textos oficiales pretendían haberles quitado.
Este post está basado en el libro «El matriarcado en China. Madres, diosas, reinas y chamanes« de Pedro Ceinos Arcones
Sobre mí: Hace ya muchos años que llegué a China y desde entonces he compaginado mi tiempo entre los viajes y el estudio de la cultura de este país. Mis investigaciones más populares son las relativas a los caracteres chinos (Caracteres chinos: un aprendizaje fácil basado en su etimología y evolución), el Matriarcado en China (hay un libro con ese título), y las culturas de las minorías (Shangrilá). Puedes ver mis videos en Youtube, o mis fotos en Instagram (pedroyunnan).
En los viajes me he especializado en Yunnan, Tíbet, la Ruta de la Seda y otros lugares poco conocidos. Escríbeme si tienes pensado venir a China. La agencia con la que colaboro proporciona un servicio excelente y un precio imbatible. Tienes mi correo abajo.
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