Por qué me dediqué más de un año a investigar el suicidio en la cultura china

Por qué me dediqué más de un año a investigar el suicidio en la cultura china

A primeros de noviembre del 2022 mi amiga la psiquiatra Luz González Sánchez me comentó que estaba preparando una ponencia sobre el suicidio. El día 8 de ese mismo mes, en un momento de tranquilidad, hice un repaso somero a algunos de los tipos de suicidio característicos de China y se lo envié por si pudiera serle de interés. De hecho, me encontraba en las últimas etapas de la redacción de mi Historia Secreta de China, y me aparecían suicidios en las más diversas circunstancias. Ministros y esposas que se enterraban voluntariamente para acompañar a los reyes en el otro mundo, generales que se quitaban la vida para evitar la humillación de la derrota, funcionarios que lo hacían para mostrar la sinceridad de sus ideas políticas, monjes budistas que se incineraban como un supremo sacrificio y se libraban a la vez del cuerpo que les impedía alcanzar el nirvana, mujeres que se suicidaron por el temor a ser violadas durante las campañas militares; viudas que ponían fin a sus vidas antes que volver a casarse, y ciudadanos desesperados que lo hicieron, tras ser designados enemigos políticos, durante la violencia que se desató tras la implantación del régimen comunista en el siglo XX. La mayoría de estas historias reflejaban la cultura tradicional china, y mostraban que los motivos que empujaron a la gente a quitarse la vida, su consideración social, el escenario en el que lo hacían e incluso el medio utilizado, también eran características de este país.

No existe ningún libro dedicado a la cultura del suicidio en China

Para mi sorpresa, cuando la curiosidad me animó a seguir investigando, no encontré ninguna obra que lo tratara en toda su complejidad, habiéndosele dedicado sólo un puñado de libros y estudios académicos a los suicidios de las viudas durante la última dinastía[1] y a los de los monjes budistas en la China medieval, pero ninguno que le describiera y analizara en el amplio espectro de la historia y la cultura china. Hay estudios que destacan la importancia del suicidio en su religión, historia y cultura, que exploran y analizan el significado de la vida y la muerte para los habitantes de este país en diferentes periodos históricos y su consideración bajo los diferentes sistemas filosóficos y religiosos, pero ninguno que incorpore toda esa información en un solo libro. J.J. Matignon (1936:61), que dedica gran parte de su libro al suicidio, ya dijo hace más de 100 años: “Se podría escribir un volumen considerable sobre el suicidio en China, ya que probablemente no haya ningún país donde este crimen sea más frecuente. Se encuentra en todas las clases y en todas las edades[2]”. 

El estudio del suicidio da otra visión de la cultura china

Los materiales relacionados con el estudio del suicidio proporcionan además visiones alternativas de algunos conceptos del pensamiento chino o enfatizan detalles generalmente despreciados. Gracias a ellos tenemos ideas más precisas sobre la lealtad al soberano o al marido, los sacrificios para pedir lluvia, la muerte violenta como proceso de deificación, el drama de la violencia de género, las técnicas taoístas de autodestrucción, y las budistas de autoinmolación. Y sobre todo, el ambiente que llevó a millones de personas a sacrificar su vida por sus ideas, o por el bien del pueblo, por dejar un buen nombre o para evitar los sufrimientos.

El estudio del suicidio en China es un asunto complejo, pues abarca casi 4.000 años y situaciones muy variadas, pero a la vez es un proceso fascinante pues presenta al investigador (y al lector) nuevas y sugerentes interpretaciones de la historia y la sociedad, nuevos ángulos desde los que valorar y comprender su religión, nuevos datos también, con frecuencia pasados por alto, que abren nuevas ventanas a la comprensión de la vida de las personas que protagonizaron la historia. En realidad cada una de las facetas del suicidio nos presenta más preguntas que respuestas, abriendo nuevos campos al estudio de su cultura. Es por ello que en este libro mi objetivo fundamental ha sido encuadrar los hechos históricos relacionados con el suicidio en los aspectos religiosos o culturales que ayudan a entenderlos, proporcionando al lector información para entender las razones por las que la gente se quitaba la vida en diferentes contextos históricos y sociales. Pero los libros tienen vida propia y a veces toman su propio camino. Este es uno de estos casos, y sin poderme negar a la evidencia que mi propia obra me mostraba, se hizo necesario explicar cómo la consideración china del suicidio fue uno de los factores decisivos en la caída de la dinastía Qing, y con ella del régimen imperial.

Tanto el investigador de la historia como el especialista en la religión o la sociedad, descubrirán en torno al suicidio nuevas perspectivas desde las que observar su objeto de estudio, que facilitarán la comprensión de la arqueología, el arte, la literatura o la vida ritual, pues todos estos campos han sido modelados por los suicidios. Ya saben los estudiosos de las religiones chinas que la muerte violenta, en la guerra o por suicidio, fue el hecho central en la creación de los espíritus peligrosos o fantasmas, que a diferencia de los que mueren en la familia y convertidos en ancestros la protegen, pululan con el mundo pudiendo causar desastres a los humanos. La lucha y protección contra ellos es la esencia de las actividades religiosas en China.

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio

El instinto de preservación de la vida, siendo uno de los más fuertes en los seres humanos, rodea todo lo relativo a la pérdida de la misma de un halo de misterio. No en vano postuló Albert Camus en su famosa obra El Mito de Sísifo (1985:1) “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. Y aunque su afirmación se puede discutir, la importancia de este asunto es innegable. El estudio del suicidio nos permite comprender la visión que se tiene de la vida y de la muerte en las distintas culturas, del papel de las personas en la sociedad, de las ideas filosóficas y morales que condicionan dicha vida, así como de las distintas formas en que las personas intentan encajar su propia existencia en esas estructuras. El estudio del suicidio nos permite reflexionar por tanto, sobre las grandes preguntas de la filosofía: El significado de la vida, su relación con las fuerzas de un más allá siempre misterioso, y una comunidad familiar y social mucho más cercana. El estudio del suicidio es, por esto, una herramienta básica para el conocimiento del ser humano, y las variaciones que sobre este asunto se presentan en esta obra, una muestra de las originales respuestas que las culturas han dado a problemas determinados cuando se enfocaban desde paradigmas filosóficos o religiosos distintos.

El estudio del suicidio es, a la vez, el estudio de la muerte. El hecho más importante en la vida de las personas y el que condiciona, más que ningún otro, su existencia. Y al mostrar situaciones que fueron consideradas más importantes que la vida, este libro revela procesos culturales y religiosos originales, considerados exóticos por una sociedad que, en teoría, pone el valor de la vida por encima de todo[3].

Seguiremos la definición de Durkheim

Sin meternos en muchas disquisiciones teóricas, en esta obra seguiremos la definición de suicidio formulada por el célebre sociólogo francés Émile Durkheim (2005: xlii): «el término suicidio se aplica a todos los casos de muerte resultante directa o indirectamente de un acto positivo o negativo de la propia víctima, que ésta sabe que producirá este resultado”.

En su obra, Durkheim clasificó el suicidio en tres categorías. El suicidio egoísta, que resulta de la falta de integración de un individuo en la sociedad o la familia. El altruista, que se da cuando se quita la vida por lealtad religiosa o política, a veces empujado por un sentimiento del deber o un entusiasmo místico; y el anómico, que también resulta de la falta de integración, y produce irritación, disgusto contra la vida en general o contra grupos o individuos en particular (Thomas 2012: 32; Durkheim 2005: 257).

Durkheim (2005: xlv) también señaló que el suicidio es un fenómeno contagioso, pues las personas con inclinación a hacerlo se ven fácilmente afectadas por la sugestión, y que cada sociedad lo valora de una forma en cada momento histórico. Posiblemente por esto, su concepción en la cultura tradicional china sea tan diferente a la de la antigüedad clásica o a la de la sociedad actual.

Un grave problema de rabiosa actualidad

Hoy en día el suicidio ocupa un lugar central en la sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud cada año se suicidan unas 800.000 personas en todo el mundo. El doble que las víctimas de homicidio. Por cada persona adulta que lo hace se calcula que otras 20 lo han intentado, y cada suicidio afecta íntimamente al menos a otras seis personas. Según este mismo organismo, el suicidio es la segunda causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 29 años, solo por detrás de los accidentes de tráfico (Trujillo 2021). En España se suicidaron casi 4.000 personas en el año 2024, y el suicidio es ya la principal causa de muerte por lesiones externas, y entre los menores de 30 años, la principal causa de muerte en valores absolutos. Un gran problema social, y un sufrimiento terrible para las familias afectadas.

En estos tiempos de mestizaje y globalización, con ciudades en las que conviven personas llegadas de los cinco continentes, se hace más necesario que nunca dar a conocer las características especiales del suicidio chino, pues amplificar la visión de este fenómeno ayudará a comprender mejor su consideración entre la población china y en otras culturas, su relación con los cambios económicos, políticos y sociales, así como las fuerzas históricas y culturales que llevaron a determinadas personas en el pasado a poner fin a sus vidas.

[1] Como libros dedicados íntegramente a este asunto, son imprescindibles: Theiss, Janet M. Disgraceful Matters: the Politics of Chastity in Eighteenth-Century China. University of California Press. 2004. Benn, James A. Burning for Buddha. Self – Inmolation in Chinese Budhism. University of Hawai’i Press. Honolulu. 2007 y Wu Fei, Suicide and Justice. A Chinese perspective. Routledge, 2010. Este ultimo toca los suicidios contemporáneos en el medio rural chino. También supuso un hito en las investigaciones modernas el número monográfico de Nan-nü sobre este asunto coordinado por Paul Ropp en el año 2001.

[2] Aunque él mismo cita a E. Vicente, que dijo: «El suicidio es un flagelo mayor en Japón que en China, la gente se suicida a cualquier edad, por cualquier cosa y por cualquier medio”.

[3] La sociedad occidental de principios del Siglo XXI pone el valor de la vida del individuo por encima de todo, pero sólo si ese individuo pertenece a la sociedad, o a los grupos que dominan la misma, y sólo si esa muerte está relacionada claramente con una causa. Es por ello que se pone el foco en procesos que mantienen en vilo la vida de una persona, mientras se ignoran (o se provocan), cientos o miles de muertos lejos de las fronteras. Los muertos anónimos que los científicos aseguran que se van a producir en el futuro a consecuencia de las políticas que se adoptan ahora, desde el calentamiento global, la contaminación de las ciudades, el uso de agroquímicos, metales pesados en los alimentos, etc., tampoco cuentan por su condición de anonimato, pues aunque se cuantifique con precisión el número de muertes, no se puede precisar, con nombre y apellidos, quienes serán esas víctimas.   

Fragmento del libro

La cultura del suicidio en China y la caída del régimen imperial

Sobre mí: Hace ya muchos años que llegué a China y desde entonces he compaginado mi tiempo entre los viajes y el estudio de la cultura de este país. Mis investigaciones más populares son las relativas a los caracteres chinos (Caracteres chinos: un aprendizaje fácil basado en su etimología y evolución), el Matriarcado en China (hay un libro con ese título), y las culturas de las minorías (Shangrilá). Puedes ver mis videos en Youtube, o mis fotos en Instagram (pedroyunnan).

En los viajes me he especializado en Yunnan, Tíbet, la Ruta de la Seda y otros lugares poco conocidos. Escríbeme si tienes pensado venir a China. La agencia con la que colaboro proporciona un servicio excelente y un precio imbatible. Tienes mi correo abajo.

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