El perro como psicopompo en China

El perro como psicopompo en China

Una de las más antiguas creencias humanas fue pensar que tras la muerte había una parte inmaterial de la persona, posteriormente llamada alma o espíritu, que no desaparecía con el cuerpo. Su origen podría deberse a la “presencia” de los muertos en los sueños, a veces en episodios que compiten en realismo con el estado de vigilia, y en algunas experiencias espirituales. Como Lewis Spence señaló en su obra seminal sobre la mitología, la mayoría de las culturas simples creen que esos espíritus se trasladan a otra dimensión de la realidad, generalmente imaginada como un paraíso, situada en islas o montañas de difícil acceso, o en regiones subterráneas o celestiales. Para alcanzar los cuales el alma deberá realizar un viaje generalmente complejo, pues su conclusión señala la llegada a territorios de los que ya no podrá volver. El concepto de la existencia de un juicio sobre las acciones realizadas durante la vida y los premios o castigos inherentes al paraíso y el infierno, es mucho más moderno.

El perro como guía tras la muerte

Una vez que surgió la creencia de que tras la muerte el alma realizaba un penoso viaje y que era preciso contar con un guía, el perro, acostumbrado a acompañar a los cazadores en sus expediciones, resultó el animal de elección. Pero además el perro tiene ciertas características que necesariamente le habrían convertido en el animal adecuado. Es experto en la tierra, que excava y olfatea sin descanso, está habituado a tratar con la muerte, pues en un mundo con guerras frecuentes, en las que los cadáveres de los enemigos generalmente quedaban expuestos a la intemperie, los perros eran unos de los animales que se alimentaban de ellos. También está familiarizado con el mundo de los espíritus, es capaz de ver en la oscuridad, y por su buena orientación, a actuar como guía en ambientes desconocidos.

¿Cómo se imaginaba el otro mundo?

Ese otro mundo era imaginado semejante al terrestre, pero con una incompatibilidad fundamental que hace casi imposible la comunicación entre ambos, como describe un antiguo mito de los Tuva de Mongolia.

“Hubo una vez en que un cazador se refugió de una fuerte tormenta en una cueva. Dentro se encontró un mundo como el nuestro, con gente, vacas, perros, etc., pero él causaba problemas en ese mundo como un fantasma los causaría en el nuestro: era invisible, solo los perros podían ver a su perro, tenía que comerse la comida de los otros, los niños se ponían enfermos cuando los tocaba, y la gente trataba de expulsarle por medio de la magia, como hace la gente en este mundo” (Tátar 1996: 270).

Estas cualidades que hicieron al perro el animal ideal para acompañar al alma en sus viajes tras la vida, fueron “visualizadas” durante las experiencias chamánicas. Los antiguos enterramientos de perros junto a una o varias personas, parecen señalar que ya era usado como guía de las almas tras la muerte. Tras esa identificación del perro con la muerte y con la tierra, lo hace con la muerte y el cielo, conduciendo igualmente a las esferas celestes al alma de los muertos. Una aventura inicialmente feliz, que concluirá con la reunión en el paraíso con los antepasados, transformada más tarde en la gran tragedia de la muerte.

Evolución de la imagen del perro y la muerte

Cuando los conceptos de la otra vida se desarrollaron en las culturas más avanzadas, el perro siguió siendo el símbolo de la muerte, actuando entonces como psicopompo, como el primer juez de las almas, a la puerta de un paraíso al que sólo permitirá acceder a los que cumplan una serie de requisitos morales, o apostado en pasos estratégicos del camino de las almas, señalando la irreversibilidad de la muerte y la imposibilidad de volver atrás. Pues las almas de los muertos no pueden volver; deben de permanecer en su mundo y no mezclase más con los vivos, excepto en determinadas fiestas en las que se abren las puertas de los infiernos. Al final aún le veremos en roles aparentemente dispares, como atacando a las almas, causando la muerte con su mera presencia, o tomando posesión del cuerpo abandonado, visualizados en las experiencias cercanas a la muerte de los tibetanos. En estos ambientes funerarios también se encontrarán perros en las representaciones de la vida imaginadas en el otro mundo, acompañando a sus dueños en el hogar o en sus expediciones de caza.

Del rico simbolismo del perro con la muerte, la arqueología, la mitología y el folklore nos han dejado abundantes testimonios. Con ellos intentaremos proporcionar al lector una visión global y coherente de conceptos aparentemente lejanos. Y así veremos que al igual que el perro es el compañero universal de los seres humanos en este mundo, lo será en el otro. Miremos donde miremos, aparecen los perros como guías en el viaje del alma tras la muerte al paraíso, siendo el animal que se sacrificaba con más frecuencia en los rituales funerarios.

El perro como psicopompo en China

 En China, la presencia de perros enterrados con fines rituales hace 9.000 años forma parte de un proceso continuo de simbolismo funerario: tinte rojo en algunas tumbas, enterramiento con riquezas o con objetos de uso cotidiano, preparación del cadáver para realizar un largo camino, etc., que nos dicen que desde la más remota antigüedad los habitantes de China no consideraban la muerte como el final de la existencia, sino como un cambio de dimensión en el que el alma de la persona se dirigía a otro mundo, a reunirse con las almas de los antepasados. Ese viaje claramente implicaba un camino, para el que se hizo necesario proporcionar al difunto un perro que le guiara.

Enterrar a alguien con un perro se convirtió en el ritual estándar durante la temprana Edad de Bronce, y especialmente durante la dinastía Shang, cuando era una de las características más comunes de las tumbas. Los nobles eran enterrados con sus mascotas, sus mujeres, sirvientes, ministros y esclavos, para seguir disfrutando de su compañía en la nueva vida. Los perros actuaban como guardias o como compañeros de caza, pues en sus tumbas se han descubierto dos tipos de perros, unos jóvenes, de un año de edad, criados para ser sacrificados, y otros más viejos, a veces incluso con campanillas en sus collares, que hace pensar les acompañaron en vida, para seguirles luego en la muerte. La relación ha debido de ser tan estrecha que a veces se colocaban sobre el propio ataúd, en una referencia clara al perro casero que duerme al pie de la cama del amo, a su lado, en una pequeña fosa cintura situada debajo del muerto o en su misma fosa, generalmente con la cabeza de ambos apuntando en la misma dirección.

Inicio del capítulo 5 de “La magia del Perro en China y el mundo”.

Sobre mí: Hace ya muchos años que llegué a China y desde entonces he compaginado mi tiempo entre los viajes y el estudio de la cultura de este país. Mis investigaciones más populares son las relativas a los caracteres chinos (Caracteres chinos: un aprendizaje fácil basado en su etimología y evolución), el Matriarcado en China (hay un libro con ese título), y las culturas de las minorías (Shangrilá). Puedes ver mis videos en Youtube, o mis fotos en Instagram (pedroyunnan).

En los viajes me he especializado en Yunnan, Tíbet, la Ruta de la Seda y otros lugares poco conocidos. Escríbeme si tienes pensado venir a China. La agencia con la que colaboro proporciona un servicio excelente y un precio imbatible. Tienes mi correo abajo.

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