Las máscaras son uno de los objetos culturales más universales, estando presentes entre pueblos y naciones de los cinco continentes. Como una de las manifestaciones artísticas y religiosas más arcaicas, las máscaras han acompañado a los seres humanos durante milenios. Su cualidad básica, de ocultar y transformar los rostros humanos y ponérselo a las misteriosas entidades espirituales, ha sido utilizada para transcender la esencia humana de los practicantes religiosos y la divina de los espíritus con quien ellos se comunican, recreando un espacio mágico en el que personas y espíritus se pueden comunicar en condiciones de igualdad.

            La máscara de un espíritu señala su presencia en un lugar y tiempo determinado, convierte a esa entidad insondable en una realidad concreta, con unas características determinadas por la tradición, y la coloca a la vez al alcance de los seres humanos, que ya van a poder solicitar sus favores o aplacar su acción maligna. El sacerdote con su máscara trasciende su propia humanidad, y sin llegar a ser una deidad, se sitúa en un plano de igualdad con ellas.

            La máscara hace del hombre un superhombre. En el mundo de las máscaras se recrea ese momento primordial en el que, antes de la caída de los primeros, humanos y dioses interactuaban libremente. Con ese recurso, durante el baile de las máscaras, una de sus primeras utilizaciones, se detiene el tiempo regresando al momento de la creación, desde donde se podrá modificar el futuro a voluntad.

            Se mire donde se mire, en culturas primitivas o elevadas, pueblos tribales o grandes imperios, las máscaras son un fenómeno cultural global creado por el ingenio humano para una serie de actividades religiosas.

            Las más primitivas posiblemente surgieran como resultado de la magia que pretendía dominar las fuerzas de la naturaleza en provecho del hombre, usándose máscaras de animales para tener éxito en la caza, calaveras de antepasados y animales totémicos para sentir su presencia protectora, y otras de aspecto terrorífico para señalar el territorio de las deidades más temibles.

            Las máscaras son uno de los pocos objetos que conectan a toda la humanidad a través del tiempo. El ser humano ha usado máscaras rituales desde el alba de la historia para disfrazar, proteger o entretener. Han sido utilizadas por muy distintas culturas de todo el mundo para espectáculos y ritos, ceremonias y festivales. Pues las máscaras, ocultando la identidad del sujeto, le permiten convertirse en un nuevo ser, que transcendiendo las limitaciones inherentes a su humanidad, adquiere las del personaje representado en la máscara, con quien se va confundiendo.

            Una máscara animal animaliza a su portador, la de una deidad terrible le hace temible a su vez, y la que representa a un héroe o personaje mítico, le dota de las cualidades que se le atribuyen.

            Por su capacidad de transformar la realidad y de proporcionar una forma a entidades que no la tienen, las máscaras siempre han fascinado al ser humano.

            El Museo de las Nacionalidades de Yunnan (云南民族博物馆) tiene una de las mejores y más variadas colecciones de máscaras en China. Está situado en las afueras de la ciudad. En el número 1503 de Dianchi Rd, justo frente a la Aldea de las Minorías. El autobús A1 llega hasta la puerta, y también llevan allí el número 73, el 44, y otros. La entrada es libre.

            Está abierto todos los días desde las 9 a 17 horas. La sala de las máscaras es la sala 5, está en la planta segunda. Contiene entre 200 y 300 máscaras agrupadas temáticamente.

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