El Templo del Cielo es una de las construcciones más originales e impresionantes de Beijing. Está situado en el interior de un gran parque que se extiende por 273 hectáreas, en la zona sur de la ciudad. Fue construido en el año 1420, por el emperador Yongle, que trasladó la capital desde Nanjing a Beijing, siendo utilizado por los emperadores de las dos últimas dinastías, la Ming y la Qing, que acudían a él dos veces por año. La primera al principio de la primavera, para rogar por una buena cosecha; la segunda, en el solsticio de invierno, para agradecer al cielo por la cosecha.

            El Templo del Cielo era la construcción religiosa más importante de la capital. Los rituales que se realizaban en su interior, destinados a legitimar la cualidad divina del emperador, que investido con el título de Hijo del Cielo, se ponía en comunicación con los dioses en favor de los hombres que gobernaba, entroncan con las primeras religiones establecidos por los reyes de las remotas dinastías Shang (siglo XVI-XII a.C.) y Zhou (Siglo XII –VIII a.C.)

            Conviene entrar por la Puerta Sur, para seguir el eje ritual sur-norte en el que está construido el templo. De esta forma, lo primero que se encuentra es el Altar del Cielo. Una gran plataforma redonda escalonada de mármol blanco, con 360 balaustradas, rodeada por un muro cuadrado. Es un simbolismo del cielo (redondo) dentro de la tierra (cuadrada). En el centro de dicha plataforma hay un lugar vacío, donde se colocaba el trono para el Emperador del Cielo, al que el emperador adoraba y presentaba ofrendas. La plataforma tiene nueve filas de losetas concéntricas que se exienden desde la piedra central. Esa piedra tiene unas carácter´sticas acústicas especiales, que se dice permitía al emperador comunicarse con sus ancestros.

            Esta construcción sobria y sencilla, entronca directamente con los antiguos templos del cielo erigidos en las capitales históricas de China, de hecho, tiene gran semejanza con los restos del único que se ha encontrado hasta el momento.  

            Desde su extremo norte hay una vista magnífica de la Bóveda Celeste Imperial, la segunda de las construcciones importantes, y al fondo el Salón de las Rogativas por las Buenas Cosechas. 

            Esta Bóveda Celeste Imperial es una construcción cilíndrica roja con un tejado de azulejos azules que alcanza los 20 metros de altura. Está situada sobre una terraza de mármol. Está rodeada por un muro circular, popularmente llamado muro del eco porque la particular forma de la pared, lisa y perfectamente redonda, parece ser especialmente adecuada para la transmisión del sonido, que dicen se va reflejando continuamente en su lisa superficie. Antiguamente se llamaba la sala del Tesoro Celestial, ya que aquí era donde se guardaban las tabletas de los dioses utilizadas para rendir culto al cielo. Este lugar era donde el emperador presentaba sus respetos a la Tablilla del Cielo, un rito semejante al que realiza la gente común venerando las Tablillas de los Antepasados, mediante el que se asocian los antepasados imperiales con el propio cielo.

            A los dos lados de está bóveda hay dos salas anexas, rectangulares con paredes rojas y techos azules. Son llamadas la Sala Anexa del Este y la del Oeste. La del este contiene las tabletas de los dioses celestiales: el dios del sol, de las estrellas polares, de Venus, de Marte y de otros cuerpos celestiales. La Sala Anexa del Oeste alberga las tablillas ceremoniales de los dioses de la luna, las nubes, la lluvia, el viento y el trueno.

            Según el pensamiento chino, tras la muerte de una persona su alma permanece habitando una tableta, que se conserva en la casa y donde se le venera. De la misma forma se creía que las deidades mencionadas también habitaban en esas tabletas, por lo que al rendirles culto el emperador se estaba comunicando con ellas en ese lugar y momento.

            Tras la realización de estos ritos, se retiraba al Palacio de la Abstinencia, situado junto a la Puerta Celestial del Oeste, donde durante tres días ayunaba y se abstenía de contacto carnal.

            Un largo pasillo de 360 metros une la Bóveda Celeste Imperial con el Salón de Rogativas por las Buenas Cosechas.

            A lo largo de él hay un bello bosque lleno de juníperos centenarios. Uno de los más antiguos, justo al abandonar por el oeste la Bóveda Celeste Imperial es el llamado “Junípero de los Nueve Dragones”, pues su tronco añejo parece mostrar nueve dragones en su superficie. La gente le venera, y es lugar favorito para realizar ejercicios respiratorios.

            Antes de alcanzar la puerta del Salón de Rogativas por las Buenas Cosechas, se encuentra la Terraza para Vestirse. Una terraza de mármol en la que cuando se celebraba una ceremonia se instalaba una especie de tienda de brocado amarillo donde el emperador se lavaba las manos y se ponía las ropas ceremoniales, esperando a que se iniciara la ceremonia. Al final de la ceremonia se cambiaba de ropas en ese mismo sitio. Un ritual que parece proceder de la más remota antigüedad.

            El Salón por las Rogativas por las Buenas Cosechas es el edificio más majestuoso del recinto, y para algunos, de todo Beijing. Concebido para facilitar la comunicación del emperador con el cielo, tiene una base redonda, de 30 metros de diámetro, y una forma cónica, que se eleva 38 metros de altura. Está situado en el centro de un patio, elevado sobre tres terrazas circulares de mármol blanco, cada una con una balaustrada de mármol tallado, además cuenta a su vez con un triple tejado de azulejos azules que le confieren una fuerza especial.

            Esta sobria construcción desde la que los emperadores pedían una adecuada distribución de lluvias y sol, es tan original que ha sido elegida, de hecho, como símbolo del turismo en Beijing.

            Pero su interés no acaba con su aspecto exterior, capaz por si mismo de agradar al más exigente. Este salón está construido completamente con madera ensamblada, sin que se utilizara ni un solo clavo. En el interior se ve que la bóveda esta sujetada por cuatro grandes pilares de madera, que representan las cuatro estaciones del año; alrededor de ella hay doce pilares exteriores, que simbolizan los doce meses del año.            

            La forma en que se ha ensamblado la madera traída desde la provincia de Yunnan que mantiene el tejado es una obra maestra de la carpintería china. El colorido de las mismas tiene una variedad difícil de encontrar en otros monumentos antiguos, la forma en que los niveles de maderas se elevan, vista desde el suelo, es sobrecogedora.

            A los dos lados del patio que se abre a este salón hay dos construcciones que suelen tener exposiciones de los vestidos y rituales que se llevaban a cabo en el templo del cielo, así como los instrumentos musicales antiguos utilizados, algunos de ellos difícil de verlos en otros museos de Beijing.

            Al norte, casi desapercibido por la forma majestuosa de esta construcción, está la sala Huangqian.

            Saliendo hacia la Puerta Este, nos encontramos con el Gran Corredor, de 350 m de largo y 5 de ancho. Era sólo un lugar de paso que conectaba el pabellón de matar los animales, la cocina divina y el almacén divino. Los días de ceremonias estaba todo adornado de linternas, pues a través de él pasaban las ofrendas a los dioses. Hoy en día está siempre animado, especialmente los domingos, con grupos de vecinos cantando óperas locales, bailando, jugando a las cartas o realizando ejercicios físicos en los jardines que le rodean. Uno de los lugares más interesantes para conocer el carácter socializados de los beijineses.

            Por el Oeste se atraviesa el jardín y se llega a una gran avenida llena de edificios modernos..

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